1. El Dios que nos creó
La Biblia comienza con Dios. Él es eterno, santo, amoroso y justo. Creó el universo, nos da la vida y merece legítimamente nuestra adoración y obediencia. Los seres humanos fuimos creados a imagen de Dios, con dignidad y propósito, para conocerlo y reflejar su bondad.
«En el principio creó Dios los cielos y la tierra.» Génesis 1:1
2. La rebelión que nos arruinó
En vez de confiar en Dios, la humanidad se apartó de Él. Esta rebelión se llama pecado. El pecado no son solo las cosas malas que hacemos; es la actitud más profunda de vivir como si nos perteneciéramos a nosotros mismos. Todos hemos fallado en amar a Dios y al prójimo como debemos.
Como Dios es justo, el pecado no puede simplemente pasarse por alto. Su consecuencia es la separación de Dios, la muerte espiritual y el juicio final. Nuestros logros, nuestra moralidad y nuestra religión no pueden borrar nuestra culpa.
«La paga del pecado es muerte.» Romanos 6:23
3. El Salvador que vino por nosotros
Dios no nos dejó sin esperanza. Por amor, envió al mundo a su Hijo eterno. Jesucristo nació como hombre, vivió una vida sin pecado y reveló perfectamente a Dios.
Después, Jesús murió voluntariamente en la cruz. Su muerte no fue un accidente ni una derrota. Cargó con el castigo que merecen los pecadores, ocupando el lugar de todos los que confían en Él. Al tercer día, Dios lo resucitó corporalmente de entre los muertos. Jesús venció al pecado y a la muerte y ahora es Señor de todo.
«Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.» Romanos 5:8
4. La respuesta que Dios requiere
El evangelio exige una respuesta personal. Dios manda a todas las personas que se arrepientan y crean. Arrepentirse es apartarse del pecado y de vivir bajo nuestro propio gobierno. Creer es depender de Jesús —de quién es y de lo que ha hecho— como nuestra única esperanza delante de Dios.
Somos salvos por gracia, no porque ganemos la aceptación de Dios. Cuando una persona confía en Cristo, Dios perdona su pecado, la declara justa por causa de Jesús, la adopta en su familia y le da el Espíritu Santo.
«Por gracia sois salvos por medio de la fe… es don de Dios.» Efesios 2:8
5. La nueva vida que Jesús da
Seguir a Jesús no significa tener una vida sin problemas. Significa reconciliación con Dios, una nueva identidad, una nueva dirección y una esperanza segura más allá de la muerte. Los cristianos todavía luchan contra el pecado, pero Dios comienza a transformarlos y promete llevar su obra hasta el final.
Jesús volverá. Juzgará el mal, resucitará a los muertos y renovará la creación. Los que le pertenecen vivirán para siempre con Dios en un mundo hecho nuevo.
Considera esto con sinceridad
¿En qué estás confiando?
Tu propia bondad no puede salvarte. Tus fracasos tampoco tienen por qué mantenerte lejos. Jesús es un Salvador suficiente para todo el que viene a Él.
Quiero dar el siguiente paso